Navegar a través de la tormenta

Leon Fontaine Entregate

Cuando ponemos freno en la boca a los caballos para que nos obedezcan, controlamos todo su cuerpo. Y fíjense también en los barcos: aunque son tan grandes y los vientos que los empujan son fuertes, los pilotos, con un pequeño timón, los guían por donde quieren. Lo mismo pasa con la lengua; es una parte muy pequeña del cuerpo, pero es capaz de grandes cosas. ¡Qué bosque tan grande puede quemarse por causa de un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego. Es un mundo de maldad puesto en nuestro cuerpo, que contamina a toda la persona. Está encendida por el infierno mismo, y a su vez hace arder todo el curso de la vida. Santiago 3:3-6 (DHH)

Ya sea que hablemos negativamente o positivamente, nuestras bocas determinan la dirección que damos a nuestras vidas.

Los versículos de hoy dicen que nuestras lenguas son como el timón de un barco. Cuando una tormenta comienza a soplar, es el timón el que dirige a esa nave a través de la tormenta. Si el capitán de la nave pierde el control del timón, esa nave está a merced de la tormenta.

En tiempos antiguos cuando una tormenta comenzaba a soplar en el mar, usted encontraba al capitán del barco colgado de la rueda que controlaba el timón. A veces incluso estaba atado a la rueda para que no pudiera ser arrastrado por una ola. Si ese capitán perdía el control del timón, si dejaba de timonear el barco a través de las olas, el barco podría ser fácilmente destruido.

Cuando usted esté en medio de una tormenta, mantenga el control de su timón, que es su lengua. Usted no está a merced de la tormenta. Usted puede mantener un discurso positivo y dirigir su camino a través de la tormenta.

La buena noticia es que si usted sigue dirigiendo el barco durante la tormenta, el viento puede llevarlo a su destino aún más rápido. Lo mismo es cierto en la vida, así que la próxima vez que se encuentres con problemas, siga alabando a Dios. Siga reclamando lo que Dios le ha prometido: salud, prosperidad, paz, alegría y grandes relaciones. No deje que el desaliento lo domine. Siga confiando en él, siga haciendo lo que pueda hacer, y así usted va a llegar al otro lado.